Estamos en una época en la que la neolengua, sobre todo los vocabularios B y C, hace estragos entre el común de los mortales, también conocido como ciudadano de a pie. Es cierto que su empleo ha sido habitual en la “joven democracia” española, pero de unos años a esta parte la derecha ibérica ha alcanzado el nivel C2 en su uso. La tontería de los “brotes verdes” palidece ante el “ticket moderador” , el “recargo temporal de solidaridad” o la “violencia en el entorno familiar”.
Sin embargo, el que origina origina este post es un clásico de la neolengua, quizá el primero en popularizarse, y no se puede adjudicar en propiedad a ninguna opción política, porque, lamentablemente, está extendido en todo el espectro político y en todo tipo de elecciones (desde la comunidad de vecinos hasta las del Parlamento Europeo): “La mayoría”, y en especial la codiciada “mayoría absoluta”.
Cuando una opción política alcanza la deseada (por ellos) mayoría absoluta en un Parlamento (es decir, obtener la mitad más uno de los parlamentarios) rápidamente la identifica con la mayoría social (es decir, que más del 50% de la sociedad apoya su opción) con el fin de justificar su actuación futura, coincida o no con el contenido del programa electoral con el que se presentó (que, reconozcámoslo, casi nadie lee).
Para desmontar esta identificación falaz voy a emplear cinco elementos básicos de la estadística descriptiva, por lo que igual ahora es un buen momento para saltar a otro punto de la red.
Antes de nada tenemos que delimitar quienes conforman esa “sociedad” que, supuestamente, apoya mayoritariamente a la opción X.
Para no complicarnos, podemos cuantificar la sociedad por medio del número de personas en el Censo que elabora, en el caso español, el INE (ya he dicho que no es la mejor aproximación, pero nos sirve par la idea general).
El problema es que no toda la sociedad vota, sino solo aquellas personas con derecho de sufragio activo. Por lo tanto, ¿quién puede votar?. En España el número viene dado por la diferencia del conjunto de ciudadanos definido en el artículo 12 de la Constitución Española respecto al conjunto de ciudadanos a los que se les aplica el artículo 3 de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General.
Aquí tenemos tenemos el primer conflicto (obvio): no toda la sociedad puede votar. Es un derecho para aquellos que figuren en el censo electoral (sobre si debería ser una obligación votar se podría escribir otro post. No es algo tan raro, exótico o extraño a la historia de España)
Sigamos. Nos hemos quedado, por imperativo legal, con el censo electoral. Al convocar elecciones, a efectos prácticos, lo que se hace es preguntar cuál es la opción que se prefiere de entre las disponibles. No deja de ser una tipo especial de encuesta en el que la estadística inferencial tiene que dejar paso a la estadística descriptiva: la parte de la estadística que se dedica a recolectar, ordenar. analizar y representar un conjunto de datos, con el fin de describir apropiadamente las características de ese conjunto.
Vamos a necesitar definir cinco elementos básicos (para ello sigo el Newbold et al. (2008), básicamente porque es el que tengo encima de la mesa):
Población: El conjunto completo de todos los objetos que interesan a un investigador. Se presenta por N. En nuestro caso, el Censo Electoral.
Muestra: Es un subconjunto observado de valores poblacionales que tienen un tamaño muestral que viene dado por n. (En nuestro caso, los que acuden a votar).
Variable: Característica de interés de una población. En este caso se trata una variable numérica discreta (las que provienen fundamentalmente de un proceso de recuento) que recoge cuál ha sido la opción elegida (y de hecho Ia vamos a llamar así, Opción elegida) por cada miembro de la muestra.
Frecuencia: es la cantidad de veces que se repite un determinado valor de la variable.
Moda: el valor de la variable que aparece con más frecuencia.
El origen del palabro de neolengua que nos ocupa es el mal uso intencional de los dos primeros conceptos, pilares de la estadística: cuando se trata del día de las elecciones la población y la muestra son iguales ya que no votar (es decir, abstenerse) es una opción válida y, por lo tanto, debe ser tenida en cuenta a la hora de valorar el resultado final del proceso electoral. Pero políticos y analistas nos quieren hacer creer que donde se analiza n (los que han ido a votar) en realidad se hace referencia a N (el Censo electoral) que, a su vez, es una réplica exacta de la Sociedad (y ya hemos visto que no es así).
Vayamos a la tercera definición. Los número total de valores distintos que puede tomar la variable Opción elegida depende de la cantidad de candidaturas que presenten los habilitados para ello por el artículo 44 de la LOREG: partidos y federaciones, coaliciones y agrupaciones de electores, a los que hay que añadir otras dos opciones, no vinculadas a opción política explícita (que no a opción elegible): la abstención y el voto en blanco (el voto nulo resta al número de votos emitidos a la hora de hacer el reparto de escaños. Por eso los partidos los disputan: véase este mítico voto nulo).
Es decir, el número total de posibles valores de la variable Opción elegida es igual a 2 + el número de partidos, federaciones, coaliciones y agrupaciones, por lo que cualquier análisis estadístico serio de los resultados deben considerarlas todas.
Fijense que, en el fondo, lo que ocurre es que le omitir la abstención busca dar una mayor legitimidad a los valores de Opción elegida vinculados a candidaturas políticas. El fin último de obviar la abstención es identificar la muestra (gente que acude a votar) con la población (total de personas en el censo), un error que haría acreedor de un 0 en cualquier curso de estadística.
Para el caso gallego, la mayoría parlamentaria más reciente, los 2 300 335 ciudadanos con derecho a voto podían elegir un valor de entre los 28 valores posibles de Opción elegida (una vez más simplifico, ya que no todos los partidos, federaciones, coaliciones y agrupaciones presentaban candidaturas en todas las provincias).
A partir de los datos facilitados por El País, en la siguiente tabla se pueden ver cuales han sido las 10 opciones con más apoyo (los N/A indica que no es aplicable la clasificación y el valor de recuento para “abstención” ha sido: 832 678)
| Opción elegida | ESCAÑOS | VOTOS EMITIDOS |
VOTOS EMITIDOS | CENSO ELECTORAL |
| Número | Total | % | % | |
| Abstención |
N/A |
N/A |
N/A |
36,20% |
| PPdG |
41 |
653934 |
45,72% |
28,43% |
| PSdG |
18 |
293671 |
20,53% |
12,77% |
| AGE |
9 |
200101 |
13,99% |
8,70% |
| BNG |
7 |
145389 |
10,16% |
6,32% |
| Voto en blanco |
N/A |
38410 |
2,69% |
1,67% |
| UPYD |
0 |
21212 |
1,48% |
0,92% |
| EB |
0 |
17116 |
1,19% |
0,74% |
| SCD |
0 |
15781 |
1,10% |
0,69% |
| CXG |
0 |
14459 |
1,01% |
0,63% |
Como se puede observar, ningún análisis estadísticamente serio puede decir que el PPdG ha sido la opción modal (es decir, la que representa la moda o valor con mayor frecuencia). Ese (significativo) honor le ha correspondido a la abstención, con un preocupante 36,20%.
En Galicia ha pasado que el 28,43% del censo electoral ha votado a una opción, la cual ha alcanzado un 45,72% de los votos emitidos que le permite hacerse con el 54,6% de los escaños, lo que implica la mayoría absoluta. A mí los números y la lógica no me cuadran.
Dejo a los políticos, politólogos y opinólogos los juegos de sumas, restas y trasvases y agrupaciones de valores para justificar lo que gusten justificar.
Mi objetivo era llamar la atención sobre este peligroso término de la neolengua, que permite que políticos con una base social limitada proclamen que tienen el apoyo de la “mayoría de la sociedad” cuando no es, ni de lejos, cierto. Pero mientras no se les afee la conducta, seguirán usando su “mayoría” para, por ejemplo, deslegitimar, cuando no criminalizar, a los movimientos ciudadanos que se les oponen a través del derecho a la reunión pacífica (artículo 21 de la Constitución Española) o para aprobar por decreto todo lo contrario a lo que prometieron en campaña.
Como cierre, y como variante de nuestro término de neolengua de hoy, cuando es una manifestación el político de turno sí usa a los que se quedaron en casa, que desprecia cuando se materializan en la abstención, para hacernos creer (o autoconvencerse de) que “la mayoría silenciosa” está con ellos. Nos toman por tontos (y a veces lo parecemos).
Bonus track:
Como me apuntó @jfalbertos, debería hacer alguna referencia al voto nulo (más allá del voto nulo choricero
). Personalmente creo que es un voto que se debería añadir a la abstención, pero esto no va de opiniones sino de datos. Por lo tanto, si lo incorporamos como una opción más, se colocaría como el séptimo “partido” gallego con el 2,55% de los votos emitidos (37 472 votos), que representa el representando el 1,62% del censo electoral.
Actualización:
Interesante análisis numérico de las distintas galicias electorales, obra de Carlos M. Abella.
En los comentarios, ácrata nos apunta otro blog en el que se hace un análisis de los resultados en las elecciones gallegas incorporando el CERA.
Entre los dos se mejora la visión de conjunto del resultado.


y lo peor es que la referencia de 2300335 no es correcta, el censo es de 2696513, porque este año alguien ha decidido no incluir al CERA en el censo, que tb son votantes. En un rato que tengas libre, verás que miedo de mayoría minoritarísima sale.
Sin contar que el grupo que decididamente no apoya a los que van a resultar gobernantes es mayor que el que los apoya.
http://iniciativadebate.org/2012/10/24/simplificando-el-fraude-estadistico-en-las-autonomicas-gallegas/